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martes, 4 de junio de 2013

Gonzalo Arango y Última página


ÁLVARO CLARO | Escritor y Licenciado en Español y  Literatura | Publicado el 6 de junio de 2013
Gonzalo Arango
Es posible que esta fuera la Última página que él leería si se encontrara con vida, pues exaltar un movimiento fundado hace más 50 años es un anacronismo académico tan común y perjudicial, que él, excéntrico irremediable y artista sin descanso, no hubiese tolerado. Por lo tanto, para no hablar de una palabra por demás vieja, como Nadaísmo, hablemos, mejor, de un hombre, Gonzaloarango, y de Última página, uno de sus libros.

Para evitar pleonasmos póstumos, solo recordaré que en el hombre se daba una simbiosis de actitudes bastante singular: pese a las consecuencias, se envolvía en la vida nocturna, como lo confiesa en uno de los artículos del libro, cuando de regreso a casa en plena madrugada, se arrepiente de la juerga de la noche anterior. En el día, se dirigía sin predisposición hacia el mundo y las personas, y en ese recorrido expresaba pánico y anonadamiento por los lugares que conocía: Chocó, Bogotá, Medellín, Cali, entre otras ciudades, fueron blanco de su mirada escudriñadora y punto de partida para su palabra poética. Por otra parte, como lector, uno siente una descarga de introspección en las cartas que dirigía a sus compañeros nadaístas: Jotamario, Eduardo Escobar y a Fernando González, su maestro.

Constantemente Gonzalo Arango, o el profeta como lo llamaban, se entregaba a la escritura de novelas y a su labor como periodista, a través de la cual conseguía el sustento y sosegaba sus preocupaciones sociales e intelectuales. En Última página se reúnen más de 60 artículos suyos, realizados entre 1965 y 1969,  en los cuales puede descubrirse, por ejemplo, la influencia que tuvo de artistas extranjeros –Lawrence, Evtushenko y Malraux-, como colombianos –Camilo Torres, Fernando Botero y Gabriel García Márquez, por quien, desde 1968, ya estaba dispuesto a apostar sus restos como escritor-. En ellos también se comprende el ateísmo por el cual ganó tantas críticas y cortapisas. Fácil de leer y bastante visceral, éste libro ofrece un pequeño viaje a través de la experiencia y las angustias de este escritor antioqueño.

Quién sabe, pero al final, si no hubiera muerto en el accidente automovilístico, a lo mejor Gonzaloarango habría impulsado otros movimientos en oposición al Nadaísmo, alegando contra éste último haber sido fundando por él mismo: ‘‘No rijas tu vida por credos que te fabrican quienes no creen en nada’’. Lo que es seguro es que, más de 50 años después del nacimiento del Nadaísmo, Gonzalo no hubiera festejado su perduración en el tiempo, aunque sí la confirmación de su primera sospecha: los colombianos somos pobres de imaginación y apenas pensamos en conseguir dinero, razón por la cual, hijos en el país del sagrado corazón, padecemos una incapacidad aguda para burlar los límites de la ortodoxia de la moneda. Así que, en vez de rememorar el Nadaísmo, rememoremos la estupidez generalizada a la que el Nadaísmo se oponía y concluyamos, como el mismo Gonzaloarango concluiría en este siglo post moderno: ¡Sublévate!, incluso contra los que mantienen ciertos ismos con vida.




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ÁLVARO CLARO | Escritor y Licenciado en Español y  Literatura | Publicado el 6 de junio de 2013
Gonzalo Arango
Es posible que esta fuera la Última página que él leería si se encontrara con vida, pues exaltar un movimiento fundado hace más 50 años es un anacronismo académico tan común y perjudicial, que él, excéntrico irremediable y artista sin descanso, no hubiese tolerado. Por lo tanto, para no hablar de una palabra por demás vieja, como Nadaísmo, hablemos, mejor, de un hombre, Gonzaloarango, y de Última página, uno de sus libros.

Para evitar pleonasmos póstumos, solo recordaré que en el hombre se daba una simbiosis de actitudes bastante singular: pese a las consecuencias, se envolvía en la vida nocturna, como lo confiesa en uno de los artículos del libro, cuando de regreso a casa en plena madrugada, se arrepiente de la juerga de la noche anterior. En el día, se dirigía sin predisposición hacia el mundo y las personas, y en ese recorrido expresaba pánico y anonadamiento por los lugares que conocía: Chocó, Bogotá, Medellín, Cali, entre otras ciudades, fueron blanco de su mirada escudriñadora y punto de partida para su palabra poética. Por otra parte, como lector, uno siente una descarga de introspección en las cartas que dirigía a sus compañeros nadaístas: Jotamario, Eduardo Escobar y a Fernando González, su maestro.

Constantemente Gonzalo Arango, o el profeta como lo llamaban, se entregaba a la escritura de novelas y a su labor como periodista, a través de la cual conseguía el sustento y sosegaba sus preocupaciones sociales e intelectuales. En Última página se reúnen más de 60 artículos suyos, realizados entre 1965 y 1969,  en los cuales puede descubrirse, por ejemplo, la influencia que tuvo de artistas extranjeros –Lawrence, Evtushenko y Malraux-, como colombianos –Camilo Torres, Fernando Botero y Gabriel García Márquez, por quien, desde 1968, ya estaba dispuesto a apostar sus restos como escritor-. En ellos también se comprende el ateísmo por el cual ganó tantas críticas y cortapisas. Fácil de leer y bastante visceral, éste libro ofrece un pequeño viaje a través de la experiencia y las angustias de este escritor antioqueño.

Quién sabe, pero al final, si no hubiera muerto en el accidente automovilístico, a lo mejor Gonzaloarango habría impulsado otros movimientos en oposición al Nadaísmo, alegando contra éste último haber sido fundando por él mismo: ‘‘No rijas tu vida por credos que te fabrican quienes no creen en nada’’. Lo que es seguro es que, más de 50 años después del nacimiento del Nadaísmo, Gonzalo no hubiera festejado su perduración en el tiempo, aunque sí la confirmación de su primera sospecha: los colombianos somos pobres de imaginación y apenas pensamos en conseguir dinero, razón por la cual, hijos en el país del sagrado corazón, padecemos una incapacidad aguda para burlar los límites de la ortodoxia de la moneda. Así que, en vez de rememorar el Nadaísmo, rememoremos la estupidez generalizada a la que el Nadaísmo se oponía y concluyamos, como el mismo Gonzaloarango concluiría en este siglo post moderno: ¡Sublévate!, incluso contra los que mantienen ciertos ismos con vida.




lunes, 13 de mayo de 2013

Yan, M. (2012). Sorgo Rojo. México D.F.: Editorial Océano.


Nicolás Gómez Rey | Licenciado en Español y Literatura | Publicado el 6 de junio de 2013

“A veces todo lo que hay sobre la tierra escupe un hedor de sangre humana.” Sorgo Rojo.

El sorgo es rojo, espeso y rojo como un río de sangre. El sorgo es bebida, es ingrediente en la comida, el invitado especial a la mesa, en Gaomi Noreste. El sorgo es el lecho de amor, la sábana que protege el encuentro sexual entre un bandido y una joven viuda. El sorgo vuela, se despedaza a causa de las balas, los cortes de los sables. El sorgo es mortaja, se tiñe más rojo. El sorgo agazapa las cabezas chinas. El sorgo es hermano del vino y del amor. El sorgo es testigo de la muerte.

Las 514 páginas que componen Sorgo Rojo, la primera novela traducida al español (1992), de Mo Yan, presentan múltiples imágenes que convergen en la guerra y el amor. El conflicto bélico que tiene lugar en varios espacios de la China rural, en especial Gaomi Noreste –“el más heroico y el más cobarde” –, ambienta la historia de la resistencia china frente a la invasión japonesa que comienza “el noveno día del octavo mes lunar de 1939” y que, para el tiempo de la narración, no tiene final. La historia, narrada por un hombre que testifica la vida familiar en los tiempos del conflicto, en los que su abuelo, Yu Zhan’ao, pasó de ser un bandido de las rutas del campo a ocupar la posición líder en las fuerzas de defensa china, presentan imágenes que varían entre los colores del amor y el tinte de la muerte. A través de la narración que altera temporalidades –Faulkner, El ruido y la furia– el lector, a probables miles de kilómetros del territorio chino, comprende la universalidad de esta novela.
La obra está segmentada en cinco capítulos. El primero, Sorgo Rojo, comienza con la reunión de las tropas comandadas por Yu Zhan’ao “para tender una emboscada a un convoy japonés en la carretera de Jiao Ping.” Un niño –“Mi padre”, del narrador– “hijo de un bandido y con catorce años apenas” se inicia en la guerra. Las páginas de este capítulo rodean el campo de sorgo donde se acuestan los soldados, débiles en armas y en cuerpos, a esperar la fatalidad; presentan el encuentro fortuito entre un joven porteador y una joven obligada a casarse con un aldeano, rico y leproso. El sorgo rojo, de cañas inmensas, da tranquilidad al campo, a la tropa de Yu Zhan’ao; el sorgo rojo, de repente, explota en sangre.

Vino de Sorgo, el segundo capítulo, es, en parte, el desarrollo de una historia de amor. La tranquilidad, en los meses del año 1929, reina en Gaomi Noreste. Los aromas y las voces del campo se desprenden para dar una respuesta: “¿Qué hace que el sorgo del municipio de Gaomi Noreste se convierta en un dulce vino aromático que deja en la boca el sabor de la miel y no produce resaca?” Al final, la narración retoma la guerra: un niño y un hombre observan una aldea en llamas.

Negrito, Pardo y Rojo comandan la jauría de perros que destrozan los cadáveres apilados por los rugidos japoneses. Doughan, Wang Guang, Dezhi y Bella, los jóvenes sobrevivientes al último ataque, comandan la tropa que defiende la carne humana –inerte pero humana, que sufre los desgarros de la jauría. Conducta de perros es probablemente, si se valoran las imágenes tan bien logradas, el capítulo que mejor universaliza la guerra. ¿Para qué lector no es conmovedor que un grupo de jóvenes defiendan a muerte –para ellos también la hay–  los cuerpos familiares que son amenazados por el hambre de los perros?

En la provincia de Gaomi Noreste hay un funeral. Ella, de treinta y dos años, “hija de la Familia Dai, Nombre Orginal Xingfan, Pimera Esposa de Yu Zhan’ao, Comandante de la Guerrilla de Gaomi Noreste, República de China, y Dirigente de la Sociedad de Hierro” recibe los honores que ofrece el pueblo, por morir como heroína en la batalla del Puente del río Negro. La marcha fúnebre se detiene. El tartamudeo de las metralletas atraviesa el féretro. Al otro lado, resguardados por el sorgo de dos y tres metros, los hombres del destacamento Jiang –chinos también, guerrilleros también, martirizados por los japoneses también– atacan a la Sociedad de Hierro. Las filas del funeral se rompen. Las granadas de mano vuelan. Los cuerpos –siempre chinos– caen y quiebran las cañas del sorgo. Después, en dirección contraria a la anterior, una emboscada de insectos de metal limpia el terreno que ocupa la batalla entre las dos guerrillas. Ahora, el comandante Leng, el picado de viruelas –chino también, guerrillero también, torturado por los japoneses también– toma lugar en la ofensiva. Funeral de Sorgo, cuarto capítulo, es el vivo retrato de una guerra civil.

Las letras que cuentan la historia del sorgo, la voz que narra las batallas y el amor, la vida de los comandantes y de sus venganzas,  la fuerza de los proyectiles y el estallido de las granadas, todos, comparten una Muerte Extraña. Así, con título que cierra las palabras, pero que intensifica las imágenes de guerra y los sentimientos de dolor, se presenta el hombre que ha venido contando, 513 páginas atrás, la historia familiar. Está frente a un río Negro, frente a una tumba cerrada en la tierra, aunque abierta en su corazón, y comparte con el lector el mensaje que siempre repiten las plantaciones de sorgo: “¡Es tu talismán, y también el tótem glorioso de nuestra familia y el símbolo del espíritu tradicional del municipio Gaomi Noreste!”


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Nicolás Gómez Rey | Licenciado en Español y Literatura | Publicado el 6 de junio de 2013

“A veces todo lo que hay sobre la tierra escupe un hedor de sangre humana.” Sorgo Rojo.

El sorgo es rojo, espeso y rojo como un río de sangre. El sorgo es bebida, es ingrediente en la comida, el invitado especial a la mesa, en Gaomi Noreste. El sorgo es el lecho de amor, la sábana que protege el encuentro sexual entre un bandido y una joven viuda. El sorgo vuela, se despedaza a causa de las balas, los cortes de los sables. El sorgo es mortaja, se tiñe más rojo. El sorgo agazapa las cabezas chinas. El sorgo es hermano del vino y del amor. El sorgo es testigo de la muerte.

Las 514 páginas que componen Sorgo Rojo, la primera novela traducida al español (1992), de Mo Yan, presentan múltiples imágenes que convergen en la guerra y el amor. El conflicto bélico que tiene lugar en varios espacios de la China rural, en especial Gaomi Noreste –“el más heroico y el más cobarde” –, ambienta la historia de la resistencia china frente a la invasión japonesa que comienza “el noveno día del octavo mes lunar de 1939” y que, para el tiempo de la narración, no tiene final. La historia, narrada por un hombre que testifica la vida familiar en los tiempos del conflicto, en los que su abuelo, Yu Zhan’ao, pasó de ser un bandido de las rutas del campo a ocupar la posición líder en las fuerzas de defensa china, presentan imágenes que varían entre los colores del amor y el tinte de la muerte. A través de la narración que altera temporalidades –Faulkner, El ruido y la furia– el lector, a probables miles de kilómetros del territorio chino, comprende la universalidad de esta novela.
La obra está segmentada en cinco capítulos. El primero, Sorgo Rojo, comienza con la reunión de las tropas comandadas por Yu Zhan’ao “para tender una emboscada a un convoy japonés en la carretera de Jiao Ping.” Un niño –“Mi padre”, del narrador– “hijo de un bandido y con catorce años apenas” se inicia en la guerra. Las páginas de este capítulo rodean el campo de sorgo donde se acuestan los soldados, débiles en armas y en cuerpos, a esperar la fatalidad; presentan el encuentro fortuito entre un joven porteador y una joven obligada a casarse con un aldeano, rico y leproso. El sorgo rojo, de cañas inmensas, da tranquilidad al campo, a la tropa de Yu Zhan’ao; el sorgo rojo, de repente, explota en sangre.

Vino de Sorgo, el segundo capítulo, es, en parte, el desarrollo de una historia de amor. La tranquilidad, en los meses del año 1929, reina en Gaomi Noreste. Los aromas y las voces del campo se desprenden para dar una respuesta: “¿Qué hace que el sorgo del municipio de Gaomi Noreste se convierta en un dulce vino aromático que deja en la boca el sabor de la miel y no produce resaca?” Al final, la narración retoma la guerra: un niño y un hombre observan una aldea en llamas.

Negrito, Pardo y Rojo comandan la jauría de perros que destrozan los cadáveres apilados por los rugidos japoneses. Doughan, Wang Guang, Dezhi y Bella, los jóvenes sobrevivientes al último ataque, comandan la tropa que defiende la carne humana –inerte pero humana, que sufre los desgarros de la jauría. Conducta de perros es probablemente, si se valoran las imágenes tan bien logradas, el capítulo que mejor universaliza la guerra. ¿Para qué lector no es conmovedor que un grupo de jóvenes defiendan a muerte –para ellos también la hay–  los cuerpos familiares que son amenazados por el hambre de los perros?

En la provincia de Gaomi Noreste hay un funeral. Ella, de treinta y dos años, “hija de la Familia Dai, Nombre Orginal Xingfan, Pimera Esposa de Yu Zhan’ao, Comandante de la Guerrilla de Gaomi Noreste, República de China, y Dirigente de la Sociedad de Hierro” recibe los honores que ofrece el pueblo, por morir como heroína en la batalla del Puente del río Negro. La marcha fúnebre se detiene. El tartamudeo de las metralletas atraviesa el féretro. Al otro lado, resguardados por el sorgo de dos y tres metros, los hombres del destacamento Jiang –chinos también, guerrilleros también, martirizados por los japoneses también– atacan a la Sociedad de Hierro. Las filas del funeral se rompen. Las granadas de mano vuelan. Los cuerpos –siempre chinos– caen y quiebran las cañas del sorgo. Después, en dirección contraria a la anterior, una emboscada de insectos de metal limpia el terreno que ocupa la batalla entre las dos guerrillas. Ahora, el comandante Leng, el picado de viruelas –chino también, guerrillero también, torturado por los japoneses también– toma lugar en la ofensiva. Funeral de Sorgo, cuarto capítulo, es el vivo retrato de una guerra civil.

Las letras que cuentan la historia del sorgo, la voz que narra las batallas y el amor, la vida de los comandantes y de sus venganzas,  la fuerza de los proyectiles y el estallido de las granadas, todos, comparten una Muerte Extraña. Así, con título que cierra las palabras, pero que intensifica las imágenes de guerra y los sentimientos de dolor, se presenta el hombre que ha venido contando, 513 páginas atrás, la historia familiar. Está frente a un río Negro, frente a una tumba cerrada en la tierra, aunque abierta en su corazón, y comparte con el lector el mensaje que siempre repiten las plantaciones de sorgo: “¡Es tu talismán, y también el tótem glorioso de nuestra familia y el símbolo del espíritu tradicional del municipio Gaomi Noreste!”


miércoles, 8 de mayo de 2013

Araxá


Por: Andrés José Morales | Docente y cantante coral | Publicado el 6 de junio de 2013



Cada vez son más los jóvenes que emprenden proyectos musicales serios  con el fin de rescatar y difundir nuestro folclor. Es el caso de Araxá, la nueva agrupación santandereana formada por estudiantes de Licenciatura en Música de la Universidad Industrial de Santander.

Araxá, en la lengua brasilera tupi, se refiere al lugar donde primero se ve el sol. El nombre hace honor a las montañas de nuestra América, de donde surgen los ritmos interpretados por la agrupación.

La propuesta musical nació en el año 2011, como un proyecto de aula inclinado hacia la exaltación del folclor colombiano y latinoamericano.

En el año 2013 ha intervenido en diversos escenarios a saber:

-Viernes Cultural, organizado por Dirección Cultural de la Universidad Industrial de Santander.

-Lunes del Tiple, organizado por Fusader Tres Culturas Libros.

 -XXIII Festivalito Ruitoqueño de Música Colombiana.

He aquí un poco de lo que compartieron los integrantes de Araxá sobre ellos mismos:

María Alejandra Delgado Arias, 19 años (Primera voz y Guitarra)

“Inicié con la música a muy temprana edad. A los 6 años empecé a tomar clases de Piano en Tocata (Academia de música). Al mismo tiempo, en el colegio, mi maestra de música exploraba mi voz con un grupo de cámara que había en el colegio. En el año 2008  me incliné por la guitarra.  Ingresé al programa de Licenciatura en música en la UIS, con guitarra como instrumento principal. Y poco después de iniciar la carrera, me vinculé a la Coral UIS. Actualmente curso quinto semestre.”

Claudia Marcela Serrano Rodríguez,  19 años (Segunda voz)

“Mis inicios musicales fueron prácticamente desde muy pequeña, pues mi mamá me enseñó a entonar y a afinar con la guitarra. Ella fue estudiante del DICAS Bucaramanga. Mientras estuve en el colegio, en noveno grado, entré a la Coral Juvenil del Instituto Gabriela Mistral cantando la voz contralto. En décimo grado inicié mis estudios de violín con una amiga de mi mamá. Al entrar a la Universidad empecé a estudiar el corno francés e ingresé  al Coro de la UIS. Actualmente curso  quinto semestre de Licenciatura en Música.”

Valeria Gabriela Garnica Sierra, 20 años (Clarinete)

“Nace el 26 de Abril de 1993, a muy temprana edad inicia su formación musical en el Taller Musical Batuta y posteriormente en la Academia de música Canto Vivo. A sus 9 años comienza a recibir clases de clarinete con el Maestro Carlos Lozano. En el año 2007 y 2009 se presentó como solista en el Festivalito Ruitoqueño de Música Colombiana. Actualmente hace parte de la Coral Universitaria UIS y cursa tercer semestre de Licenciatura en Música en la Universidad Industrial de Santander.”

José Luis Gelvis Martínez, 19 años (Contrabajo)

“Inicié estudios de Música en la Fundación Nacional Batuta, siendo el contrabajo el instrumento de mi elección y José Darío Sanabria mi profesor, tenía 15 años de edad. Actualmente me encuentro cursando cuarto semestre de Licenciatura en Música en la Universidad Industrial de Santander, mi profesor de instrumento es el maestro Janusz Kopytko; además, he participado en talleres de Jazz con reconocidos músicos tales como: Edward Perez, Jonathan Kreisberg, Lage Lund, Will Vinson, entre otros.”

Jhon Fredy Díaz Suarez, 21 años (Tiple y Guitarra)

“Nací en San Vicente de Chucurí e  inicié mis estudios musicales en Mochila Cantora a la edad de 17 años. Actualmente estoy en quinto semestre de Licenciatura en Música en la UIS. Mi instrumento de estudio es la Tuba pero en el grupo interpreto el Tiple y la Guitarra.”

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Por: Andrés José Morales | Docente y cantante coral | Publicado el 6 de junio de 2013



Cada vez son más los jóvenes que emprenden proyectos musicales serios  con el fin de rescatar y difundir nuestro folclor. Es el caso de Araxá, la nueva agrupación santandereana formada por estudiantes de Licenciatura en Música de la Universidad Industrial de Santander.

Araxá, en la lengua brasilera tupi, se refiere al lugar donde primero se ve el sol. El nombre hace honor a las montañas de nuestra América, de donde surgen los ritmos interpretados por la agrupación.

La propuesta musical nació en el año 2011, como un proyecto de aula inclinado hacia la exaltación del folclor colombiano y latinoamericano.

En el año 2013 ha intervenido en diversos escenarios a saber:

-Viernes Cultural, organizado por Dirección Cultural de la Universidad Industrial de Santander.

-Lunes del Tiple, organizado por Fusader Tres Culturas Libros.

 -XXIII Festivalito Ruitoqueño de Música Colombiana.

He aquí un poco de lo que compartieron los integrantes de Araxá sobre ellos mismos:

María Alejandra Delgado Arias, 19 años (Primera voz y Guitarra)

“Inicié con la música a muy temprana edad. A los 6 años empecé a tomar clases de Piano en Tocata (Academia de música). Al mismo tiempo, en el colegio, mi maestra de música exploraba mi voz con un grupo de cámara que había en el colegio. En el año 2008  me incliné por la guitarra.  Ingresé al programa de Licenciatura en música en la UIS, con guitarra como instrumento principal. Y poco después de iniciar la carrera, me vinculé a la Coral UIS. Actualmente curso quinto semestre.”

Claudia Marcela Serrano Rodríguez,  19 años (Segunda voz)

“Mis inicios musicales fueron prácticamente desde muy pequeña, pues mi mamá me enseñó a entonar y a afinar con la guitarra. Ella fue estudiante del DICAS Bucaramanga. Mientras estuve en el colegio, en noveno grado, entré a la Coral Juvenil del Instituto Gabriela Mistral cantando la voz contralto. En décimo grado inicié mis estudios de violín con una amiga de mi mamá. Al entrar a la Universidad empecé a estudiar el corno francés e ingresé  al Coro de la UIS. Actualmente curso  quinto semestre de Licenciatura en Música.”

Valeria Gabriela Garnica Sierra, 20 años (Clarinete)

“Nace el 26 de Abril de 1993, a muy temprana edad inicia su formación musical en el Taller Musical Batuta y posteriormente en la Academia de música Canto Vivo. A sus 9 años comienza a recibir clases de clarinete con el Maestro Carlos Lozano. En el año 2007 y 2009 se presentó como solista en el Festivalito Ruitoqueño de Música Colombiana. Actualmente hace parte de la Coral Universitaria UIS y cursa tercer semestre de Licenciatura en Música en la Universidad Industrial de Santander.”

José Luis Gelvis Martínez, 19 años (Contrabajo)

“Inicié estudios de Música en la Fundación Nacional Batuta, siendo el contrabajo el instrumento de mi elección y José Darío Sanabria mi profesor, tenía 15 años de edad. Actualmente me encuentro cursando cuarto semestre de Licenciatura en Música en la Universidad Industrial de Santander, mi profesor de instrumento es el maestro Janusz Kopytko; además, he participado en talleres de Jazz con reconocidos músicos tales como: Edward Perez, Jonathan Kreisberg, Lage Lund, Will Vinson, entre otros.”

Jhon Fredy Díaz Suarez, 21 años (Tiple y Guitarra)

“Nací en San Vicente de Chucurí e  inicié mis estudios musicales en Mochila Cantora a la edad de 17 años. Actualmente estoy en quinto semestre de Licenciatura en Música en la UIS. Mi instrumento de estudio es la Tuba pero en el grupo interpreto el Tiple y la Guitarra.”

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