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martes, 4 de junio de 2013

Poemas I y II


DANIEL CARBONELL PARODY| Escritor y estudiante de Literatura | Publicado el 6 de junio de 2013


I

Sonrisa entre multitudes,
tu mirada se levanta como un brazo fuerte
de entre los escombros de una lejanía nombrada
—quién sabe hace cuánto
no te veía,
te quiero mucho—
y entonces
el temblor acostumbrado
de las ganas de llorar primeras,
el trepidar de tu alma viva, sonrisa de pie, ave en espera,
cara de tiempo, imbécil sin tregua, amigo mío, amado
amigo mío.
Y entonces
el turbión fugaz del adiós,
“te veo pronto, marica”, me dije
para no nombrarte, pero de cierto
cada vez que pienso en la vida
alguien, en alguna banca o tienda
escribe tu nombre.



 II


En el tejado hubo tiras de luz que no guardé,
caballos que galoparon en el pelo de nadie
y nadie se aguantó
tanto tiempo ese pisoteo de las palabras mudas
y tristes que no salen de alguna garganta anónima.

En la cocina dejé vasos con agua que no regué
sobre tus macetas olvidadas y roídas,
platos a medio comer, tristeza, vidrio mordido
que no soportó mis dientes de hueso vivo
ni mi saliva ácida como una pausa imprevista.

En la terraza no hice un lunar carajo,
a las bancas del porche se las comió la sombra
y fue siempre de noche negra.
No saludé a los extraños que pasaban
desandando un camino y preguntando por ti.

No me dio la gana de nada y te me hiciste mordedura,
cráter morado donde no cupo un beso.
No me dio la gana de ti y me volví al tejado.
Allá estaba más arriba, vuelto astro, pero no más lejos
de tus galopantes y etéreos caballos.

[VER MÁS]

DANIEL CARBONELL PARODY| Escritor y estudiante de Literatura | Publicado el 6 de junio de 2013


I

Sonrisa entre multitudes,
tu mirada se levanta como un brazo fuerte
de entre los escombros de una lejanía nombrada
—quién sabe hace cuánto
no te veía,
te quiero mucho—
y entonces
el temblor acostumbrado
de las ganas de llorar primeras,
el trepidar de tu alma viva, sonrisa de pie, ave en espera,
cara de tiempo, imbécil sin tregua, amigo mío, amado
amigo mío.
Y entonces
el turbión fugaz del adiós,
“te veo pronto, marica”, me dije
para no nombrarte, pero de cierto
cada vez que pienso en la vida
alguien, en alguna banca o tienda
escribe tu nombre.



 II


En el tejado hubo tiras de luz que no guardé,
caballos que galoparon en el pelo de nadie
y nadie se aguantó
tanto tiempo ese pisoteo de las palabras mudas
y tristes que no salen de alguna garganta anónima.

En la cocina dejé vasos con agua que no regué
sobre tus macetas olvidadas y roídas,
platos a medio comer, tristeza, vidrio mordido
que no soportó mis dientes de hueso vivo
ni mi saliva ácida como una pausa imprevista.

En la terraza no hice un lunar carajo,
a las bancas del porche se las comió la sombra
y fue siempre de noche negra.
No saludé a los extraños que pasaban
desandando un camino y preguntando por ti.

No me dio la gana de nada y te me hiciste mordedura,
cráter morado donde no cupo un beso.
No me dio la gana de ti y me volví al tejado.
Allá estaba más arriba, vuelto astro, pero no más lejos
de tus galopantes y etéreos caballos.

sábado, 11 de mayo de 2013

Vía láctea y El amanecer encima de ella

Huitzi Catalán| Escritor y economista | Publicado el 6 de junio de 2013

Vía láctea 

Su piel de leche me derrama
En canicas| Leonardo Tezcucano
la mirada

Me asomo en la caricia del sol
sobre sus jacarandas de otoño
al zafiro tirante brasiere
que aun no le despojo

Vi tres destellos tres
enredándose en tus chinos
tres que pudieran ser trece
o cuarentaiseis o diecisiete.

No se limite a la noche
si le puedo pintar
dérmicos los astros.

El atardecer encima de ella.


 
Tomando el sol (2010)|Joe Vega
Es cierto:
         esa sonrisa
desvela las verdades
y la tarde.

Dentro de una cueva,
         la luz
por  otra luz transpuesta
tan menor y tan madura,
agua fresca, sin embargo,
nunca nueva.

Me lleno de ternuras
por esta mujer que guarda
una primavera de cabellos,
y una iluminada condena.

[VER MÁS]
Huitzi Catalán| Escritor y economista | Publicado el 6 de junio de 2013

Vía láctea 

Su piel de leche me derrama
En canicas| Leonardo Tezcucano
la mirada

Me asomo en la caricia del sol
sobre sus jacarandas de otoño
al zafiro tirante brasiere
que aun no le despojo

Vi tres destellos tres
enredándose en tus chinos
tres que pudieran ser trece
o cuarentaiseis o diecisiete.

No se limite a la noche
si le puedo pintar
dérmicos los astros.

El atardecer encima de ella.


 
Tomando el sol (2010)|Joe Vega
Es cierto:
         esa sonrisa
desvela las verdades
y la tarde.

Dentro de una cueva,
         la luz
por  otra luz transpuesta
tan menor y tan madura,
agua fresca, sin embargo,
nunca nueva.

Me lleno de ternuras
por esta mujer que guarda
una primavera de cabellos,
y una iluminada condena.

La casa de los viejos y Habitus

Diana Peña | Estudiante de Español y Literatura| Publicado el 6 de junio de 2013

La casa de los viejos


Hablar de la casa de los viejos
es emprender un camino
poco transitado. Demasiadas
molestias para tan poca novedad:
su geografía por agreste, el sol por inclemente,
 la cuesta por demasiado empinada y polvorienta,
 su soledad por estar anclada en un pueblo
que no aparece en la guía turística.

Comodidad y confort
no figuran entre sus atavíos.
Es modesta a la infinita potencia,
tosca en sus maneras y desarreglada en su apariencia.
 No, de ningún modo,
jamás podría ser un destino turístico,
toda ella es carencia.

Desvencijadas sus puertas,
la casa de los viejos es poco segura.
En sus habitaciones nada de aroma a lavanda,
sólo la oquedad de lo añoso,
 la majestuosidad de la ruina,
 y la dignidad de saberse
 el último ejemplar de su especie.

Qué temeridad envejecer!
Por las galerías en penumbra
sólo los gatos osan merodear
y en el patio se han marchitado las hortensias.
No, los turistas no vendrán.
La casa de los viejos,
antaño cobijo de propios y extraños,
nadie suele frecuentar.  

Habitus



Habría que volver al origen
para ser de otro modo.
Para sembrar otras guerras
y destruir otras gentes.

Habría que volver al principio
para mirar con otros ojos,
soñar otras vidas
y huir de otras muertes.
Otro lugar,
ojalá más  afable,
donde el silencio más hondo
sea el rumor de las olas
y el horizonte más lejano
un cielo y un mar que se juntan.

                                                           En otra casa, en otro patio,
                                                           cercado por montañas menos altivas
                                                           y habitado por personas menos lejanas,
                                                           soñar, amar y vivir de otra endemoniada
                                                           manera, pero no así,



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Diana Peña | Estudiante de Español y Literatura| Publicado el 6 de junio de 2013

La casa de los viejos


Hablar de la casa de los viejos
es emprender un camino
poco transitado. Demasiadas
molestias para tan poca novedad:
su geografía por agreste, el sol por inclemente,
 la cuesta por demasiado empinada y polvorienta,
 su soledad por estar anclada en un pueblo
que no aparece en la guía turística.

Comodidad y confort
no figuran entre sus atavíos.
Es modesta a la infinita potencia,
tosca en sus maneras y desarreglada en su apariencia.
 No, de ningún modo,
jamás podría ser un destino turístico,
toda ella es carencia.

Desvencijadas sus puertas,
la casa de los viejos es poco segura.
En sus habitaciones nada de aroma a lavanda,
sólo la oquedad de lo añoso,
 la majestuosidad de la ruina,
 y la dignidad de saberse
 el último ejemplar de su especie.

Qué temeridad envejecer!
Por las galerías en penumbra
sólo los gatos osan merodear
y en el patio se han marchitado las hortensias.
No, los turistas no vendrán.
La casa de los viejos,
antaño cobijo de propios y extraños,
nadie suele frecuentar.  

Habitus



Habría que volver al origen
para ser de otro modo.
Para sembrar otras guerras
y destruir otras gentes.

Habría que volver al principio
para mirar con otros ojos,
soñar otras vidas
y huir de otras muertes.
Otro lugar,
ojalá más  afable,
donde el silencio más hondo
sea el rumor de las olas
y el horizonte más lejano
un cielo y un mar que se juntan.

                                                           En otra casa, en otro patio,
                                                           cercado por montañas menos altivas
                                                           y habitado por personas menos lejanas,
                                                           soñar, amar y vivir de otra endemoniada
                                                           manera, pero no así,



Demencia y Lejanas

Adriana Fuentes Bayona | Licenciada en Español y Literatura y editora de Apalabrar| Publicado el 6 de junio de 2013

Retrato de una mujer con corbata
Modigliani

Demencia


Cuando este pobre hombre
Martilló su consciencia hasta el cansancio
Sus ojos se alargaron
Como su corbata Ben Silver
Y terminó por encontrar
En sus pequeñas mentiras
La entretención de sus días

Sus ficciones de tiempos pasados
Ahondan sus gestos
Ahora que ya se arruinó su frente
Y se amoldó a sus errores


Lejanas
Muchacha peinándose| Corot

La niña mira a lo lejos
Por una ventana oscura y un cielo sin forma
A lo lejos mira sin siquiera parpadear,
Con una sonrisa incomprensible
Y unos ojos brillantes y pequeños
Que parecieran ver a alguien más allá
Que parecieran escuchar voces profundas
Mientras,
Su madre, en el borde de la cama,
peina esos cabellos
De niña lejana,
Y posa sus ojos en el fondo
De esos largos hilos tristes
En un sueño triste.

[VER MÁS]
Adriana Fuentes Bayona | Licenciada en Español y Literatura y editora de Apalabrar| Publicado el 6 de junio de 2013

Retrato de una mujer con corbata
Modigliani

Demencia


Cuando este pobre hombre
Martilló su consciencia hasta el cansancio
Sus ojos se alargaron
Como su corbata Ben Silver
Y terminó por encontrar
En sus pequeñas mentiras
La entretención de sus días

Sus ficciones de tiempos pasados
Ahondan sus gestos
Ahora que ya se arruinó su frente
Y se amoldó a sus errores


Lejanas
Muchacha peinándose| Corot

La niña mira a lo lejos
Por una ventana oscura y un cielo sin forma
A lo lejos mira sin siquiera parpadear,
Con una sonrisa incomprensible
Y unos ojos brillantes y pequeños
Que parecieran ver a alguien más allá
Que parecieran escuchar voces profundas
Mientras,
Su madre, en el borde de la cama,
peina esos cabellos
De niña lejana,
Y posa sus ojos en el fondo
De esos largos hilos tristes
En un sueño triste.

Consecuencia


Sylvana Sánchez García | Estudiante de Derecho | Publicado el 6 de junio de 2013

Consecuencia

Fotografía de Sylvana Sánchez

Silencio.
El huésped de la maldita soledad,
Ahora tiene nombre.
La esclava del verdugo, 
La encuentro en la misma cama.

Copas.
Vino, dulce vino
Es la sangre que alimenta el éxtasis de la desesperación, 
Vodka, amargo y viejo vodka
Baña la noble pierna de la perversión.
Derrama el blanco del olvido...

Sueños con...
Sueños conmigo, sueños de mí
No sueño con calor, ni con color
Sueño de líquido de sustancia.


Miradas profundas.
Profundo y doloroso ataque.
Esquivos y repulsivos deseos de mirarte y no hallarte.
Orgullo de ojos
Lágrimas de ganas.

Cuerpos.

Desalentados, orientados 
Con dirección y sin deseos.
Segregando no más que costumbre.
Sudando tan solo un instinto somero.

Final con dos
Construir pared con piel
Pintar con el barniz de un alma cansada.
Entablar con los huesos de tus recónditos deseos.
Y al final no somos más que dos, plantados en distinta dirección. 
[VER MÁS]

Sylvana Sánchez García | Estudiante de Derecho | Publicado el 6 de junio de 2013

Consecuencia

Fotografía de Sylvana Sánchez

Silencio.
El huésped de la maldita soledad,
Ahora tiene nombre.
La esclava del verdugo, 
La encuentro en la misma cama.

Copas.
Vino, dulce vino
Es la sangre que alimenta el éxtasis de la desesperación, 
Vodka, amargo y viejo vodka
Baña la noble pierna de la perversión.
Derrama el blanco del olvido...

Sueños con...
Sueños conmigo, sueños de mí
No sueño con calor, ni con color
Sueño de líquido de sustancia.


Miradas profundas.
Profundo y doloroso ataque.
Esquivos y repulsivos deseos de mirarte y no hallarte.
Orgullo de ojos
Lágrimas de ganas.

Cuerpos.

Desalentados, orientados 
Con dirección y sin deseos.
Segregando no más que costumbre.
Sudando tan solo un instinto somero.

Final con dos
Construir pared con piel
Pintar con el barniz de un alma cansada.
Entablar con los huesos de tus recónditos deseos.
Y al final no somos más que dos, plantados en distinta dirección. 

Espera y Qué fácil es amor

Dunia Oriana González Rodríguez | Licenciada en Español y Literatura y escritora| Publicado el 6 de junio de 2013
Fotografía de Dunia González

Espera

Me gustaría detener esta clase de búsqueda.
Busco algo
Y me siento a esperar en las gradas
Frente a la puerta de la casa
Veo el atardecer.

Busco con maníaca ansiedad una cosa confusa
Y me detengo a mirar
Cuento las hojas de los árboles


Y elucubro un trabajo abundante
Que me deje dinero por montón.

Y sin embargo  me acuesto sobre una roca
Cierro los ojos y trato de saber cuáles son las aves
Que cantan en este paraíso de olvidos.

Busco, sé que mi corazón no se sacia y sueña vidas increíbles.
Mis pasos cada vez son más seguros como una jugada de ajedrez
A ciegas presionada por el jaque mate previsible
Dentro de mí hay una incorregible certeza de búsqueda
Y otra de silencio en la que prefiero el ruido
Y olvido la música del viento, del piano que alguien toca de fondo
Con ese ambiente de película  de época en la que las mujeres solían vestirse
Para no ser desnudadas
Y  los hombres para aparentar ser pingüinos de coche y bastón.

Fotografía de Dunia González


Qué fácil es amor

Qué fácil es amor
Sabrás de mí
Cuando escuchas las mismas dos canciones
Que yo  canto al día y a  la noche.
Sabrás de mí
Porque el viento es fiel a nosotros
Nos tendrá unidos
Hasta que sepamos amar.


[VER MÁS]
Dunia Oriana González Rodríguez | Licenciada en Español y Literatura y escritora| Publicado el 6 de junio de 2013
Fotografía de Dunia González

Espera

Me gustaría detener esta clase de búsqueda.
Busco algo
Y me siento a esperar en las gradas
Frente a la puerta de la casa
Veo el atardecer.

Busco con maníaca ansiedad una cosa confusa
Y me detengo a mirar
Cuento las hojas de los árboles


Y elucubro un trabajo abundante
Que me deje dinero por montón.

Y sin embargo  me acuesto sobre una roca
Cierro los ojos y trato de saber cuáles son las aves
Que cantan en este paraíso de olvidos.

Busco, sé que mi corazón no se sacia y sueña vidas increíbles.
Mis pasos cada vez son más seguros como una jugada de ajedrez
A ciegas presionada por el jaque mate previsible
Dentro de mí hay una incorregible certeza de búsqueda
Y otra de silencio en la que prefiero el ruido
Y olvido la música del viento, del piano que alguien toca de fondo
Con ese ambiente de película  de época en la que las mujeres solían vestirse
Para no ser desnudadas
Y  los hombres para aparentar ser pingüinos de coche y bastón.

Fotografía de Dunia González


Qué fácil es amor

Qué fácil es amor
Sabrás de mí
Cuando escuchas las mismas dos canciones
Que yo  canto al día y a  la noche.
Sabrás de mí
Porque el viento es fiel a nosotros
Nos tendrá unidos
Hasta que sepamos amar.


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