Mostrando entradas con la etiqueta Ensayo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ensayo. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de junio de 2013

Yo ¿Un posible suicida?

DAVID FERNANDO TORRES LIZARAZO | Licenciado en Español y Literatura| Publicado el 6 de junio de 2013

Edouard Manet| Le suicide
Que alguien se suicide está de más –o está de menos. Algunos considerarán este acto -¿De valentía, de cobardía?- anacrónico, otros amoral, otros pecado… sin embargo, aun así, debe primar el estudio de los motivos más que del acto realizado y, por lo tanto, irreversible. Demos por hecho que esta mañana un conductor de aquellos que quedaron –o quedarán, la misma vaina- sin trabajo esté pasando por la peor situación económica. Además, podemos sumarle el abandono de su mujer y la drogadicción de un hijo. La presión en su cabeza ignorante, quizá sin estudio alguno, y la notoria precariedad de su condición de vida lo lleven a tomar una decisión cuestionable, alabable, polémica al fin. Decisión que en un momento oportuno lo llevará a subirse a las barandas del puente del viaducto y a sentirse libre por el rose de la brisa sobre su cuerpo. Volará antes de precipitarse al suelo.

Recordemos el último suicidio de revuelo nacional. Una niña de catorce años. Conmoción, histeria, rasgadura en el país ante tan funesto acto. Cumplimos como seres humanos, como compatriotas, y descansamos ahora con la conciencia tranquila. El deber cumplido. Los motivos de la niña son conocidos por todos: soledad, abuso, maltrato, trabajos forzados… -¿Qué considera usted de este acto, dé su opinión (desde cualquier punto de vista)?- No obstante, ya están de más las palabras que salgan de su boca. Vivimos rodeados, según las condiciones de la niña, de potenciales suicidas. Si lo pensásemos bien: una más, una menos; nos acostumbraríamos postreramente a ver caer por propias manos las almas débiles –o tal vez más fuertes. Se nos haría común el final de una existencia miserable.

Ahora bien, cuáles motivos consideraríamos adecuados, correctos para tal decisión: la pérdida –aunque siga viviendo en el mismo barrio- de un amor pa-ra-to-da-la-vi-da, la pobreza absoluta, la miseria, la drogadicción, la ruina, la mediocridad del sistema político colombiano, la increíble historia de la escogencia de rector en la UIS, la inclusión forzosa –no tan forzosa- del metrolínea…Y qué hay de nosotros -¿Nosotros? ¿Quiénes?- los no suicidas; qué tenemos en nuestra mente, qué reflexión podemos hacer ante este hecho -¿Nos importará realmente? ¿Me importará a mí en algo o solo es un medio para escribir? ¿Seré realmente un no suicida?- Cómo juzgaremos a un suicida fallido, a un mediocre hasta para matarse. Cómo sería nuestra sentencia frente al suicida fallido, frente al que lo logra. Cómo sería en fin nuestra existencia.

Sin embargo, hablo de nuestra existencia, de la mía en específico, de la tuya. Llegar a su fin por diversos motivos, aun a pesar de las personalidades dispares. Dos contrarios colgándose de la misma viga. Los caminos de Dios son tan diversos, tan difíciles, tan contradictorios. Érase una vez un ave que volara bajo y otra que surcara las grandes alturas con la fuerza de sus alas. Ambas han muerto ya presas de la vida. Andar despacio, decía mi padre, es a la larga lo mismo que correr, hijo. Por qué, preguntaba yo en mi inocencia. Nada respondía entonces; fijaba sus ojos allá, en el vacío que es el futuro, y los volvía a veces hacia adentro, en el vacío que es el pasado; me miraba sin reproche y me decía: Vamos, se hace tarde.

Cada quién es un posible suicida, solo falta buscar en los corazones los motivos para dejarse llevar de la vida. Si acaso la muerte es a la larga el destino, si la muerte es a la larga la vida, si la muerte es a la larga la nada y el todo –pensarán algunos- por qué no anticiparla. Otros por temor a la vida escogerán la muerte. Algunos por problemas, por conflictos, por miedos, por perdidas, por sueños fallidos, frustraciones…quién no ha tenido algún motivo: Yo ¿Un posible suicida? Tendría mis motivos si los buscase en el cajón olvidado de los recuerdos malos, si removiese el polvo del tiempo, si fuese al desván de las desdichas y me sentara a repasarlas, una por una; si las sopesara, las contara y las mezclara. Yo ¿Un posible suicida?

Que alguien se suicide está de más o está de menos. Debiéramos buscar en los motivos, porque quizá la muerte se ha producido mucho antes o se ha ido produciendo desde siempre. Buscar los motivos y analizarlos, hacer estudios, investigaciones, sacar conclusiones, libros, novelas, poemas, best sellers, una que otra noticia, alguna crónica, un enorme tratado y luego el olvido ¿Qué podemos hacer, nosotros, seres humanos? Dejar que la gente decida, que sume y que reste, y ¿Ellos, los suicidas? dejar que otros escriban. Si yo fuera un suicida ya me habría matado y otro…hubiera escrito mis líneas.

[VER MÁS]
DAVID FERNANDO TORRES LIZARAZO | Licenciado en Español y Literatura| Publicado el 6 de junio de 2013

Edouard Manet| Le suicide
Que alguien se suicide está de más –o está de menos. Algunos considerarán este acto -¿De valentía, de cobardía?- anacrónico, otros amoral, otros pecado… sin embargo, aun así, debe primar el estudio de los motivos más que del acto realizado y, por lo tanto, irreversible. Demos por hecho que esta mañana un conductor de aquellos que quedaron –o quedarán, la misma vaina- sin trabajo esté pasando por la peor situación económica. Además, podemos sumarle el abandono de su mujer y la drogadicción de un hijo. La presión en su cabeza ignorante, quizá sin estudio alguno, y la notoria precariedad de su condición de vida lo lleven a tomar una decisión cuestionable, alabable, polémica al fin. Decisión que en un momento oportuno lo llevará a subirse a las barandas del puente del viaducto y a sentirse libre por el rose de la brisa sobre su cuerpo. Volará antes de precipitarse al suelo.

Recordemos el último suicidio de revuelo nacional. Una niña de catorce años. Conmoción, histeria, rasgadura en el país ante tan funesto acto. Cumplimos como seres humanos, como compatriotas, y descansamos ahora con la conciencia tranquila. El deber cumplido. Los motivos de la niña son conocidos por todos: soledad, abuso, maltrato, trabajos forzados… -¿Qué considera usted de este acto, dé su opinión (desde cualquier punto de vista)?- No obstante, ya están de más las palabras que salgan de su boca. Vivimos rodeados, según las condiciones de la niña, de potenciales suicidas. Si lo pensásemos bien: una más, una menos; nos acostumbraríamos postreramente a ver caer por propias manos las almas débiles –o tal vez más fuertes. Se nos haría común el final de una existencia miserable.

Ahora bien, cuáles motivos consideraríamos adecuados, correctos para tal decisión: la pérdida –aunque siga viviendo en el mismo barrio- de un amor pa-ra-to-da-la-vi-da, la pobreza absoluta, la miseria, la drogadicción, la ruina, la mediocridad del sistema político colombiano, la increíble historia de la escogencia de rector en la UIS, la inclusión forzosa –no tan forzosa- del metrolínea…Y qué hay de nosotros -¿Nosotros? ¿Quiénes?- los no suicidas; qué tenemos en nuestra mente, qué reflexión podemos hacer ante este hecho -¿Nos importará realmente? ¿Me importará a mí en algo o solo es un medio para escribir? ¿Seré realmente un no suicida?- Cómo juzgaremos a un suicida fallido, a un mediocre hasta para matarse. Cómo sería nuestra sentencia frente al suicida fallido, frente al que lo logra. Cómo sería en fin nuestra existencia.

Sin embargo, hablo de nuestra existencia, de la mía en específico, de la tuya. Llegar a su fin por diversos motivos, aun a pesar de las personalidades dispares. Dos contrarios colgándose de la misma viga. Los caminos de Dios son tan diversos, tan difíciles, tan contradictorios. Érase una vez un ave que volara bajo y otra que surcara las grandes alturas con la fuerza de sus alas. Ambas han muerto ya presas de la vida. Andar despacio, decía mi padre, es a la larga lo mismo que correr, hijo. Por qué, preguntaba yo en mi inocencia. Nada respondía entonces; fijaba sus ojos allá, en el vacío que es el futuro, y los volvía a veces hacia adentro, en el vacío que es el pasado; me miraba sin reproche y me decía: Vamos, se hace tarde.

Cada quién es un posible suicida, solo falta buscar en los corazones los motivos para dejarse llevar de la vida. Si acaso la muerte es a la larga el destino, si la muerte es a la larga la vida, si la muerte es a la larga la nada y el todo –pensarán algunos- por qué no anticiparla. Otros por temor a la vida escogerán la muerte. Algunos por problemas, por conflictos, por miedos, por perdidas, por sueños fallidos, frustraciones…quién no ha tenido algún motivo: Yo ¿Un posible suicida? Tendría mis motivos si los buscase en el cajón olvidado de los recuerdos malos, si removiese el polvo del tiempo, si fuese al desván de las desdichas y me sentara a repasarlas, una por una; si las sopesara, las contara y las mezclara. Yo ¿Un posible suicida?

Que alguien se suicide está de más o está de menos. Debiéramos buscar en los motivos, porque quizá la muerte se ha producido mucho antes o se ha ido produciendo desde siempre. Buscar los motivos y analizarlos, hacer estudios, investigaciones, sacar conclusiones, libros, novelas, poemas, best sellers, una que otra noticia, alguna crónica, un enorme tratado y luego el olvido ¿Qué podemos hacer, nosotros, seres humanos? Dejar que la gente decida, que sume y que reste, y ¿Ellos, los suicidas? dejar que otros escriban. Si yo fuera un suicida ya me habría matado y otro…hubiera escrito mis líneas.

lunes, 13 de mayo de 2013

Recrear para vivir

Jorge Octavio Melo Guevara | Médico| Publicado el 6 de junio de 2013

Mis primeras pinceladas
Santiago Felipe Melo A.
El hombre necesita recreación para enriquecer su vida, no diversión que lo distrae del mundo, que no sería otra cosa que perder vida. La gracia de la vida está en haber logrado la mayor plenitud vital al momento de morir.

Comienzo por lo que es el concepto de recreación, fundamental para definir cuáles serían las actividades por las que hay que propender. El diccionario de la Real Academia de la Lengua define de la siguiente manera recrear: “Crear nuevo alguna cosa. Divertir, alegrar, deleitar. Disfrutar haciendo algo o hacerlo poco a poco.” El término divertir lo define a su vez así: “Entretener, recrear. Apartar, desviar, alejar.” El otro término en cuestión es distraer que queda así: “Apartar el objeto de una  persona del objeto al que la aplicaba. Apartar a uno de la vida ordenada. Divertir, entretener.” Como puede verse en éstas definiciones, diversión y distracción son casi equivalentes. La Real Academia también en una parte de la definición casi que asimila la definición de recreación con la de diversión.

La primera definición de recreación la define como crear nuevo alguna cosa. Esta es la definición que me gusta, pero encierra un mundo de conceptos. Cuando se trata de un concepto como es el de una necesidad humana se debe definir no por lo que es sino por lo que debe ser o de acuerdo con el desarrollo alcanzado por la humanidad. Teniendo esto como premisa voy a definirlo de una manera que no contradiga la definición anterior dada por la Real Academia de la Lengua Española, pero que además encierre el ideal ético de lo que debe buscar el individuo en su incesante búsqueda del hombre como objetivo en sí mismo. Recrear es volver a crear, por lo tanto es la búsqueda de experiencias humanas, es decir, son todas las actividades que incrementan en calidad y en cantidad la experiencia humana, en los planos psicológicos, físicos, sociales, conceptuales, artísticos y que por ende producen un grado de satisfacción al hacerlo. Son por tanto actividades recreativas el ejercicio literario, la práctica de deportes o el esfuerzo físico siempre que se haga libremente, actividades sociales en donde se comparten espacios, experiencias, las  tertulias literarias, cuando se asiste a eventos artísticos en diferentes géneros (musicales, lúdicos, deportivos, artes plásticas. Siempre que sean auténticas manifestaciones del arte y no se trate simplemente de espectáculos de consumo). El verdadero disfrute del arte exige por parte del espectador un esfuerzo mental, exige que este no sea un sujeto pasivo. La finalidad de la recreación no es distraerse mientras el tiempo pasa, sino experimentar vivencias; no es olvidarse y esconderse del mundo, sino todo lo contrario: vivir  con más intensidad la vida. El objetivo de la vida es la vida misma, por lo tanto prácticas que esquiven la experiencia de la vida son contrarias a los postulados humanistas. Podrá argumentarse que en el mundo moderno los hombres (en sentido genérico) viven agobiados por tanto trabajo y que si las actividades recreativas pretenden exigirles más esfuerzos entonces mejor sería no recrearse. A ello se puede responder que el esfuerzo físico y mental, cuando son voluntarios o cuando se hacen persiguiendo un fin noble como el conocimiento, la creación artística, el cultivo de la creatividad o el mejoramiento de la condición física y psicológica, no constituyen ningún castigo y al contrario son la esencia misma del hombre y un imperativo moral. Asistir a un concierto musical o a la proyección de una película pueden ser actividades recreativas o de diversión,  dependiendo del espectáculo y del espectador: del espectador, si se trata simplemente de hacer algo divertido y que no le cueste ningún esfuerzo físico o mental mientras pasa el tiempo, y del espectáculo, porque puede que se trate de un espectáculo auténtico o simplemente películas de consumo o comerciales. Se ha dicho que una buena obra artística o cultural es aquella que impacta positivamente los sentimientos del hombre,  así el sentimiento que le acompañe después sea el de una congoja, de tristeza o de rabia; pero lo positivo de esta experiencia es que a través de la obra ha logrado compenetrarse con individuos de otros grupos sociales, culturas, etnias, latitudes, etc., con quienes se solidariza por sus desventuras o desgracias, lo que constituye un auténtico sentimiento humano.

Mediante la recreación,  los hombres  logran experimentar en todos los aspectos: se experimentan sensaciones visuales, auditivas, sensaciones táctiles. Comprender el arte ya es ser un artista,  decía  José M. Vargas Vila. De la capacidad de comprender una obra de arte a la realidad de ser artista ya hay un trecho más corto. La verdadera recreación promueve experiencias sociales y contribuye a la formación de lazos entre los individuos que mejoran el tejido social de las sociedades, desvanece los nacionalismos, aniquila recelos entre naciones, promueve la unidad de todos los hombres del mundo como una sola nación. Estas experiencias sociales contribuyen a conocer mejor a individuos y pueblos con culturas diferentes a la nuestra, con otras costumbres, con otra herencia cultural; facilitan la comprensión y la tolerancia entre los pueblos y enriquecen la cultura propia. Un curso de manualidades artísticas promueve experiencias colectivas igualmente, pero además es un aprendizaje de artes propias o tomadas de otras culturas, permiten la adquisición de técnicas y habilidades que no se tenían. Las caminatas, una de las actividades que mas convocan gente, aparte del ejercicio físico,  también son una experiencia social: son individuos que aunque no estén identificados de pertenecer a un grupo de hecho lo son: comparten la afición por la práctica del ejercicio físico; generalmente esto se acompaña de convicciones sobre la necesidad de conservación del planeta y casi todos comparten tendencias ecologistas. Lo más común es que se comparta también la admiración por la naturaleza. Mientras se transitan caminos viejos se recrea lo que eran estos escenarios en épocas pretéritas, cuando eran transitados por las mulas y viajeros. En estas aventuras, se encuentran  fondas o posadas que estaban a mitad de camino y servían a los viajeros  para pasar la noche y medio descansar de las extenuantes jornadas.

 Pero así como se ejercita la capacidad física y la habilidad manual también se puede tratar de mejorar la capacidad intelectual: pudiera ser tratando de incursionar en ciencias y artes diferentes a las que comúnmente nos dedicamos. La experiencia de conocer y de pensar bien es la más alta expresión de espiritualidad, por lo tanto el ejercicio y la práctica permanente de estas disciplinas  es también la más elevada expresión de actividad humana.
[VER MÁS]
Jorge Octavio Melo Guevara | Médico| Publicado el 6 de junio de 2013

Mis primeras pinceladas
Santiago Felipe Melo A.
El hombre necesita recreación para enriquecer su vida, no diversión que lo distrae del mundo, que no sería otra cosa que perder vida. La gracia de la vida está en haber logrado la mayor plenitud vital al momento de morir.

Comienzo por lo que es el concepto de recreación, fundamental para definir cuáles serían las actividades por las que hay que propender. El diccionario de la Real Academia de la Lengua define de la siguiente manera recrear: “Crear nuevo alguna cosa. Divertir, alegrar, deleitar. Disfrutar haciendo algo o hacerlo poco a poco.” El término divertir lo define a su vez así: “Entretener, recrear. Apartar, desviar, alejar.” El otro término en cuestión es distraer que queda así: “Apartar el objeto de una  persona del objeto al que la aplicaba. Apartar a uno de la vida ordenada. Divertir, entretener.” Como puede verse en éstas definiciones, diversión y distracción son casi equivalentes. La Real Academia también en una parte de la definición casi que asimila la definición de recreación con la de diversión.

La primera definición de recreación la define como crear nuevo alguna cosa. Esta es la definición que me gusta, pero encierra un mundo de conceptos. Cuando se trata de un concepto como es el de una necesidad humana se debe definir no por lo que es sino por lo que debe ser o de acuerdo con el desarrollo alcanzado por la humanidad. Teniendo esto como premisa voy a definirlo de una manera que no contradiga la definición anterior dada por la Real Academia de la Lengua Española, pero que además encierre el ideal ético de lo que debe buscar el individuo en su incesante búsqueda del hombre como objetivo en sí mismo. Recrear es volver a crear, por lo tanto es la búsqueda de experiencias humanas, es decir, son todas las actividades que incrementan en calidad y en cantidad la experiencia humana, en los planos psicológicos, físicos, sociales, conceptuales, artísticos y que por ende producen un grado de satisfacción al hacerlo. Son por tanto actividades recreativas el ejercicio literario, la práctica de deportes o el esfuerzo físico siempre que se haga libremente, actividades sociales en donde se comparten espacios, experiencias, las  tertulias literarias, cuando se asiste a eventos artísticos en diferentes géneros (musicales, lúdicos, deportivos, artes plásticas. Siempre que sean auténticas manifestaciones del arte y no se trate simplemente de espectáculos de consumo). El verdadero disfrute del arte exige por parte del espectador un esfuerzo mental, exige que este no sea un sujeto pasivo. La finalidad de la recreación no es distraerse mientras el tiempo pasa, sino experimentar vivencias; no es olvidarse y esconderse del mundo, sino todo lo contrario: vivir  con más intensidad la vida. El objetivo de la vida es la vida misma, por lo tanto prácticas que esquiven la experiencia de la vida son contrarias a los postulados humanistas. Podrá argumentarse que en el mundo moderno los hombres (en sentido genérico) viven agobiados por tanto trabajo y que si las actividades recreativas pretenden exigirles más esfuerzos entonces mejor sería no recrearse. A ello se puede responder que el esfuerzo físico y mental, cuando son voluntarios o cuando se hacen persiguiendo un fin noble como el conocimiento, la creación artística, el cultivo de la creatividad o el mejoramiento de la condición física y psicológica, no constituyen ningún castigo y al contrario son la esencia misma del hombre y un imperativo moral. Asistir a un concierto musical o a la proyección de una película pueden ser actividades recreativas o de diversión,  dependiendo del espectáculo y del espectador: del espectador, si se trata simplemente de hacer algo divertido y que no le cueste ningún esfuerzo físico o mental mientras pasa el tiempo, y del espectáculo, porque puede que se trate de un espectáculo auténtico o simplemente películas de consumo o comerciales. Se ha dicho que una buena obra artística o cultural es aquella que impacta positivamente los sentimientos del hombre,  así el sentimiento que le acompañe después sea el de una congoja, de tristeza o de rabia; pero lo positivo de esta experiencia es que a través de la obra ha logrado compenetrarse con individuos de otros grupos sociales, culturas, etnias, latitudes, etc., con quienes se solidariza por sus desventuras o desgracias, lo que constituye un auténtico sentimiento humano.

Mediante la recreación,  los hombres  logran experimentar en todos los aspectos: se experimentan sensaciones visuales, auditivas, sensaciones táctiles. Comprender el arte ya es ser un artista,  decía  José M. Vargas Vila. De la capacidad de comprender una obra de arte a la realidad de ser artista ya hay un trecho más corto. La verdadera recreación promueve experiencias sociales y contribuye a la formación de lazos entre los individuos que mejoran el tejido social de las sociedades, desvanece los nacionalismos, aniquila recelos entre naciones, promueve la unidad de todos los hombres del mundo como una sola nación. Estas experiencias sociales contribuyen a conocer mejor a individuos y pueblos con culturas diferentes a la nuestra, con otras costumbres, con otra herencia cultural; facilitan la comprensión y la tolerancia entre los pueblos y enriquecen la cultura propia. Un curso de manualidades artísticas promueve experiencias colectivas igualmente, pero además es un aprendizaje de artes propias o tomadas de otras culturas, permiten la adquisición de técnicas y habilidades que no se tenían. Las caminatas, una de las actividades que mas convocan gente, aparte del ejercicio físico,  también son una experiencia social: son individuos que aunque no estén identificados de pertenecer a un grupo de hecho lo son: comparten la afición por la práctica del ejercicio físico; generalmente esto se acompaña de convicciones sobre la necesidad de conservación del planeta y casi todos comparten tendencias ecologistas. Lo más común es que se comparta también la admiración por la naturaleza. Mientras se transitan caminos viejos se recrea lo que eran estos escenarios en épocas pretéritas, cuando eran transitados por las mulas y viajeros. En estas aventuras, se encuentran  fondas o posadas que estaban a mitad de camino y servían a los viajeros  para pasar la noche y medio descansar de las extenuantes jornadas.

 Pero así como se ejercita la capacidad física y la habilidad manual también se puede tratar de mejorar la capacidad intelectual: pudiera ser tratando de incursionar en ciencias y artes diferentes a las que comúnmente nos dedicamos. La experiencia de conocer y de pensar bien es la más alta expresión de espiritualidad, por lo tanto el ejercicio y la práctica permanente de estas disciplinas  es también la más elevada expresión de actividad humana.

Apología al cigarrillo


JUAN CARLOS GÓMEZ | Licenciado en Español y Literatura | Publicado el 6 de junio de 2013
Retrato de un vagabundo fumando (2008)
Luis Serna Herreros
Durante mucho tiempo se emplearon artefactos para extraer el humo que resulta de un poco de plantas secas que se exponen al fuego. Nuestros ancestros usaban semillas para absorber el humo y lo empleaban para curar enfermedades o para adormecer el cuerpo.

Hay muchas hipótesis a raíz del que sería el primer cigarrillo de la historia —por cigarrillo entenderemos una planta seca y picada recubierta por una hoja delgada en forma de cilindro que se puede encender por un lado y absorber por el otro—, pero todas coinciden en que se fumó en el siglo XVIII y fue influenciado por la necesidad de fumar sin artilugios.

El fumador promedio, sin contar con las veces que tomó un cigarro de la cajetilla del tío y se lo fumó con el primo en el patio, empieza a fumar a la edad de dieciocho años. Los amigos son los que le enseñan a retener el humo, porque lo que él hacía con el primo en el patio no era precisamente fumar. Después, cuando le va cogiendo sabor al cigarrillo, cuando fuma por fumar, es cuando debe dejar de fumar. Él, por supuesto, no deja de fumar. Lo único que deja es de pensar que el cigarrillo lo hace ver atractivo y evita fumar en público.

No es verdad que el perro es el mejor amigo del hombre. El mejor amigo del hombre es el cigarrillo. Que lo diga Ribeiro o Pessoa. Que lo diga Rubem Fonseca o Julio Cortázar. Ribeiro tiene un cuento, un cuento no: un cuentazo, que se llama "Solo para fumadores", mientras que Pessoa, ese poema visceral que produce tantas cosas y se llama "Tabaquería". De Rubem Fonseca hablaba de su novela Y de este mundo prostituto y vano solo quiero un cigarrillo en mi mano y de Cortázar recuerda uno personajes fumadores como Johnny Carter, pero lo decía sobre todo por las entrevistas que hay en youtube en las que el argentino fuma más de lo que habla.

Escuché que el cigarrillo es para los blues lo que la cocaína es para el pop o la marihuana al rock. ¿A usted le gustan los blues?


[VER MÁS]

JUAN CARLOS GÓMEZ | Licenciado en Español y Literatura | Publicado el 6 de junio de 2013
Retrato de un vagabundo fumando (2008)
Luis Serna Herreros
Durante mucho tiempo se emplearon artefactos para extraer el humo que resulta de un poco de plantas secas que se exponen al fuego. Nuestros ancestros usaban semillas para absorber el humo y lo empleaban para curar enfermedades o para adormecer el cuerpo.

Hay muchas hipótesis a raíz del que sería el primer cigarrillo de la historia —por cigarrillo entenderemos una planta seca y picada recubierta por una hoja delgada en forma de cilindro que se puede encender por un lado y absorber por el otro—, pero todas coinciden en que se fumó en el siglo XVIII y fue influenciado por la necesidad de fumar sin artilugios.

El fumador promedio, sin contar con las veces que tomó un cigarro de la cajetilla del tío y se lo fumó con el primo en el patio, empieza a fumar a la edad de dieciocho años. Los amigos son los que le enseñan a retener el humo, porque lo que él hacía con el primo en el patio no era precisamente fumar. Después, cuando le va cogiendo sabor al cigarrillo, cuando fuma por fumar, es cuando debe dejar de fumar. Él, por supuesto, no deja de fumar. Lo único que deja es de pensar que el cigarrillo lo hace ver atractivo y evita fumar en público.

No es verdad que el perro es el mejor amigo del hombre. El mejor amigo del hombre es el cigarrillo. Que lo diga Ribeiro o Pessoa. Que lo diga Rubem Fonseca o Julio Cortázar. Ribeiro tiene un cuento, un cuento no: un cuentazo, que se llama "Solo para fumadores", mientras que Pessoa, ese poema visceral que produce tantas cosas y se llama "Tabaquería". De Rubem Fonseca hablaba de su novela Y de este mundo prostituto y vano solo quiero un cigarrillo en mi mano y de Cortázar recuerda uno personajes fumadores como Johnny Carter, pero lo decía sobre todo por las entrevistas que hay en youtube en las que el argentino fuma más de lo que habla.

Escuché que el cigarrillo es para los blues lo que la cocaína es para el pop o la marihuana al rock. ¿A usted le gustan los blues?


Símil

José Daniel Fonseca | Estudiante de Derecho e  investigador | Publicado el 6 de junio de 2013

La filosofía política y la literatura tienen algo en común: no sirven para nada que los ciudadanos y los lectores no quieran.

John Rawls, en algunos apuntes recopilados sobre sus clases de filosofía política; autorizados por él mismo antes de morir, recurre a una introducción que era, según intuyo, el inicio del curso que impartía en Harvard. En este introito expresa algunas ideas en razón al papel de la reflexión sobre lo político en una sociedad que ha superado la modernidad ilustrada, pero que ha sacado de ella el mayor insumo para sus postulados morales públicos, según los cuales, los individuos pueden regirse y saber los límites de su libertad. Rawls, inicialmente, plantea que la filosofía política no pretende ser una teoría, debido a que no comprende unos conceptos básicos definidos como ciertos sobre los cuales difícilmente se podría reflexionar. Por tanto, agrega que la filosofía política es simplemente una reflexión de lo público (instituciones, hechos sociales y conflictos del poder público) en una sociedad, a partir de lucubraciones de filósofos y pensadores de lo moral y lo político, como lo pueden ser Kant, Hume, Hegel, Hobbes, Rousseau, entre otros, quienes, pese a tener distintos puntos de vista, están reflexionando el mismo mundo del individuo o de la sociedad, de lo moral o de lo político, o incluso los dos a la vez. De hecho, esas diferencias son tan sanas que Rawls las describe como relevantes en las clases que dictó sobre filosofía moral y política, incluyendo en las primeras a Kant y a Hume, y en las segundas, a Hobbes y a Rousseau.

A manera de segunda sugerencia, Rawls argumenta algo que me parece pertinente para todo versado en estos temas. Dice que como la filosofía política no busca ser una teoría, tampoco impone un argumento absolutamente correcto o veraz, y por tanto, los que hacen filosofía política tan solo plantean su perspectiva reflexiva, académica y seria sobre un tema determinado. Digo académica porque los filósofos políticos toman como referente sus propias lecturas y afinidades teóricas, construyendo un barrido bibliográfico cada vez más amplio, necesario e importante para la realización de una tarea científica. No es cierto que por el hecho de ser simplemente reflexiva, y contraria a todo absolutismo, la filosofía política deje de ser una labor rigurosa y acuciosa, de innumerables resfriados entre libros viejos y nuevos.

Estas observaciones de Rawls sirven de antesala para una tercera idea, y es que los filósofos de lo político únicamente piensan e hilvanan ciertas reflexiones con el fin de compartirlas y de que los ciudadanos sean capaces de comprenderlas, cuestionarlas, transmitirlas y repensarlas según las necesidades y problemas de su conglomerado. En caso de no concretarse esta idea, los postulados de Rawls quedan perdidos en el universo, sin aplicación real a las relaciones de los hombres, quedan en una promesa jamás cumplida de la justicia como equidad.

A pesar de todo, Rawls no está solo en alguna estantería a punto de caerse, lo acompañan algunos libros de literatura universal, novelas, cuentos, poemas y demás artilugios bien logrados que se pierden sin lectores para deslumbrar. El ejercicio de crear literatura, al igual que el de reflexionar desde la filosofía política, es una tarea individual y egoísta, al menos en su etapa personal-creativa. Grandes maestros de la literatura han afrontado la soledad y el fracaso como su escenario creativo, así como otros, un poco más mediáticos, escriben para publicar y ser admirados. A pesar de esta dicotomía, el momento de escritura, de borrones, tachones y papeles en la caneca es absolutamente individual en ambos. A pesar de ser un ejercicio egoísta desde un punto de vista interno (creación literaria, ejercicio de escritor), en un ámbito externo sí puede ser, y debe ser, social. Tanto el filósofo, como el escritor, no buscan convencer a sus ciudadanos y lectores de una verdad única y acabada, simplemente hacen un trabajo personal, riguroso y arduo que posteriormente se comparte para la reflexión de los receptores, que no son otros que todo lector de una novela de Saramago o de un libro de Rawls. Así las cosas, ni Rawls, ni Coetzee pretenden convencer a nadie de lo que están incluyendo en sus textos, simplemente están plasmando ideas e historias en las frases y párrafos que pueden convertirse en algo más que eso: en preguntas sobre el hombre, sus relaciones y sus conflictos, que sean pensadas una y otra vez por los seres humanos que nos ufanamos de racionales. Ni los filósofos, ni los literatos son poseedores de verdades, sino que al contrario, son portadores de las más difíciles inquietudes y dudas. Dudas que, no está de más decirlo, son necesarias para la autocrítica de nuestras actuaciones frente a la alteridad.

Según lo anterior, volvemos a la frase que abrió este texto: La filosofía política y la literatura tienen algo en común: que no sirven para nada que los ciudadanos y los lectores no quieran. Si bien es imposible desconocer la cantidad de tiempo y momentos que dejan escapar los filósofos y escritores de sus vidas, como las lecturas que invierten y las enfermedades que adquieren, lo cierto es que nada vale el esfuerzo de estos sin la posterior recepción del resto. Y ¿quién es el resto? Nadie en específico. Hago referencia tanto a los ciudadanos de la calle, como a los de edificios pomposos; a los lectores de biblioteca usada o prestada, como a los de alcobas repletas de estanterías personales. El resto somos todos. Lo cual hace que dejemos de ser 'el resto' y pasemos a ser ‘el otro’, que, pese a vivir en el campo o en la urbe, es igual frente al filósofo y el escritor, y frente a todos los demás 'otros'. Y entonces ¿para qué nos sirve a ‘los otros’ la filosofía política y la literatura? Tanto la literatura, como la filosofía política son pilares de la reflexión por el hombre y la sociedad. El asunto es que, para tratar de dar respuesta a la pregunta anterior, debe decirse que no hay utilidad social alguna de una novela o de un artículo de investigación sin la lectura que realizan los sujetos que en realidad le dan el valor a dichos textos: ciudadanos y lectores. Sin ciudadanos y sin lectores de textos científicos y novelas, respectivamente, es imposible hablar de un valor y un uso real de estos frutos de la humanidad.

En este momento, son miles y miles de jóvenes y adultos educados bajo una razón instrumental, en la que solo se buscan máquinas que realicen ciertas funciones mecánicas, que alimenten la burocratización de la sociedad, y al tiempo, el triunfo de la técnica gris sobre la ciencia de colores, matices y diferentes perspectivas. Es esta una formación limitada en tanto no piensa al hombre desde sus emociones, anhelos, cuestionamientos e inquietudes. Entre mejor leamos, investiguemos y consultemos, desde enfoques reflexivos; y no absolutos, déspotas o técnicos, la sociedad será capaz de afrontar sus conflictos con altura y respeto por las diferencias. De lo contrario estamos condenados a ignorar tanto a Rawls como a Huxley; el primero un gran académico e intelectual convencido de la idea de justicia y el segundo un gran literato que con la sátira y la ciencia nos deja deslumbrados por nuestra riqueza tecnológica y miseria emocional. Ambas reflexiones son relevantes para nuestro andar racional, para el respeto y cuidado mutuo, pero si no las tenemos en cuenta, las leemos, las criticamos y discutimos son tinta y papel desperdiciados en el agujero negro en el que queremos convertir este planeta.

[VER MÁS]
José Daniel Fonseca | Estudiante de Derecho e  investigador | Publicado el 6 de junio de 2013

La filosofía política y la literatura tienen algo en común: no sirven para nada que los ciudadanos y los lectores no quieran.

John Rawls, en algunos apuntes recopilados sobre sus clases de filosofía política; autorizados por él mismo antes de morir, recurre a una introducción que era, según intuyo, el inicio del curso que impartía en Harvard. En este introito expresa algunas ideas en razón al papel de la reflexión sobre lo político en una sociedad que ha superado la modernidad ilustrada, pero que ha sacado de ella el mayor insumo para sus postulados morales públicos, según los cuales, los individuos pueden regirse y saber los límites de su libertad. Rawls, inicialmente, plantea que la filosofía política no pretende ser una teoría, debido a que no comprende unos conceptos básicos definidos como ciertos sobre los cuales difícilmente se podría reflexionar. Por tanto, agrega que la filosofía política es simplemente una reflexión de lo público (instituciones, hechos sociales y conflictos del poder público) en una sociedad, a partir de lucubraciones de filósofos y pensadores de lo moral y lo político, como lo pueden ser Kant, Hume, Hegel, Hobbes, Rousseau, entre otros, quienes, pese a tener distintos puntos de vista, están reflexionando el mismo mundo del individuo o de la sociedad, de lo moral o de lo político, o incluso los dos a la vez. De hecho, esas diferencias son tan sanas que Rawls las describe como relevantes en las clases que dictó sobre filosofía moral y política, incluyendo en las primeras a Kant y a Hume, y en las segundas, a Hobbes y a Rousseau.

A manera de segunda sugerencia, Rawls argumenta algo que me parece pertinente para todo versado en estos temas. Dice que como la filosofía política no busca ser una teoría, tampoco impone un argumento absolutamente correcto o veraz, y por tanto, los que hacen filosofía política tan solo plantean su perspectiva reflexiva, académica y seria sobre un tema determinado. Digo académica porque los filósofos políticos toman como referente sus propias lecturas y afinidades teóricas, construyendo un barrido bibliográfico cada vez más amplio, necesario e importante para la realización de una tarea científica. No es cierto que por el hecho de ser simplemente reflexiva, y contraria a todo absolutismo, la filosofía política deje de ser una labor rigurosa y acuciosa, de innumerables resfriados entre libros viejos y nuevos.

Estas observaciones de Rawls sirven de antesala para una tercera idea, y es que los filósofos de lo político únicamente piensan e hilvanan ciertas reflexiones con el fin de compartirlas y de que los ciudadanos sean capaces de comprenderlas, cuestionarlas, transmitirlas y repensarlas según las necesidades y problemas de su conglomerado. En caso de no concretarse esta idea, los postulados de Rawls quedan perdidos en el universo, sin aplicación real a las relaciones de los hombres, quedan en una promesa jamás cumplida de la justicia como equidad.

A pesar de todo, Rawls no está solo en alguna estantería a punto de caerse, lo acompañan algunos libros de literatura universal, novelas, cuentos, poemas y demás artilugios bien logrados que se pierden sin lectores para deslumbrar. El ejercicio de crear literatura, al igual que el de reflexionar desde la filosofía política, es una tarea individual y egoísta, al menos en su etapa personal-creativa. Grandes maestros de la literatura han afrontado la soledad y el fracaso como su escenario creativo, así como otros, un poco más mediáticos, escriben para publicar y ser admirados. A pesar de esta dicotomía, el momento de escritura, de borrones, tachones y papeles en la caneca es absolutamente individual en ambos. A pesar de ser un ejercicio egoísta desde un punto de vista interno (creación literaria, ejercicio de escritor), en un ámbito externo sí puede ser, y debe ser, social. Tanto el filósofo, como el escritor, no buscan convencer a sus ciudadanos y lectores de una verdad única y acabada, simplemente hacen un trabajo personal, riguroso y arduo que posteriormente se comparte para la reflexión de los receptores, que no son otros que todo lector de una novela de Saramago o de un libro de Rawls. Así las cosas, ni Rawls, ni Coetzee pretenden convencer a nadie de lo que están incluyendo en sus textos, simplemente están plasmando ideas e historias en las frases y párrafos que pueden convertirse en algo más que eso: en preguntas sobre el hombre, sus relaciones y sus conflictos, que sean pensadas una y otra vez por los seres humanos que nos ufanamos de racionales. Ni los filósofos, ni los literatos son poseedores de verdades, sino que al contrario, son portadores de las más difíciles inquietudes y dudas. Dudas que, no está de más decirlo, son necesarias para la autocrítica de nuestras actuaciones frente a la alteridad.

Según lo anterior, volvemos a la frase que abrió este texto: La filosofía política y la literatura tienen algo en común: que no sirven para nada que los ciudadanos y los lectores no quieran. Si bien es imposible desconocer la cantidad de tiempo y momentos que dejan escapar los filósofos y escritores de sus vidas, como las lecturas que invierten y las enfermedades que adquieren, lo cierto es que nada vale el esfuerzo de estos sin la posterior recepción del resto. Y ¿quién es el resto? Nadie en específico. Hago referencia tanto a los ciudadanos de la calle, como a los de edificios pomposos; a los lectores de biblioteca usada o prestada, como a los de alcobas repletas de estanterías personales. El resto somos todos. Lo cual hace que dejemos de ser 'el resto' y pasemos a ser ‘el otro’, que, pese a vivir en el campo o en la urbe, es igual frente al filósofo y el escritor, y frente a todos los demás 'otros'. Y entonces ¿para qué nos sirve a ‘los otros’ la filosofía política y la literatura? Tanto la literatura, como la filosofía política son pilares de la reflexión por el hombre y la sociedad. El asunto es que, para tratar de dar respuesta a la pregunta anterior, debe decirse que no hay utilidad social alguna de una novela o de un artículo de investigación sin la lectura que realizan los sujetos que en realidad le dan el valor a dichos textos: ciudadanos y lectores. Sin ciudadanos y sin lectores de textos científicos y novelas, respectivamente, es imposible hablar de un valor y un uso real de estos frutos de la humanidad.

En este momento, son miles y miles de jóvenes y adultos educados bajo una razón instrumental, en la que solo se buscan máquinas que realicen ciertas funciones mecánicas, que alimenten la burocratización de la sociedad, y al tiempo, el triunfo de la técnica gris sobre la ciencia de colores, matices y diferentes perspectivas. Es esta una formación limitada en tanto no piensa al hombre desde sus emociones, anhelos, cuestionamientos e inquietudes. Entre mejor leamos, investiguemos y consultemos, desde enfoques reflexivos; y no absolutos, déspotas o técnicos, la sociedad será capaz de afrontar sus conflictos con altura y respeto por las diferencias. De lo contrario estamos condenados a ignorar tanto a Rawls como a Huxley; el primero un gran académico e intelectual convencido de la idea de justicia y el segundo un gran literato que con la sátira y la ciencia nos deja deslumbrados por nuestra riqueza tecnológica y miseria emocional. Ambas reflexiones son relevantes para nuestro andar racional, para el respeto y cuidado mutuo, pero si no las tenemos en cuenta, las leemos, las criticamos y discutimos son tinta y papel desperdiciados en el agujero negro en el que queremos convertir este planeta.

Más visto

PRIMERA EDICIÓN